Artista Formador
Ángela del Mar Verdugo Cabrera

Maestra en Artes escénicas con énfasis en actuación.
Universidad Distrital Francisco José de Caldas.
Candidata a la maestría en educación en la línea de Ciencias Sociales. Universidad Nacional de Colombia.

A propósito del encuentro con estudiantes del Colegio Francisco Javier Matiz, Francisco de Paula Santander y Rural Olarte en el programa CREA de IDARTES

Se nos pide contar algunas de las transformaciones evidentes de los estudiantes en el plano de lo artístico, pedagógico y social.

Empezaré por el primero, el plano artístico: En este tema me llamó mucho la atención los procesos que llevaban los Artistas Formadores compañeros con sus respectivos grupos, notando el interés del artista en transmitir técnicas propias de su disciplina y de los diferentes enfoques que decidieron recorrer dentro de la misma. Ahora bien, y aquí empiezo a entrar en el plano de lo pedagógico (o en un campo más amplio: la educación), considero que es una oportunidad empezar a sistematizar experiencias pedagógicas propias del arte, pero también es ineludible que los artistas formadores sean conscientes de la necesidad de profundizar sobre el campo de la educación como un conocimiento complejo del cual es posible utilizar herramientas que en relación con lo artístico, transformen las realidades sociales que ya conocemos por el contexto de nuestros estudiantes. Creo necesario romper con esa idea que nos ha impuesto la academia y la ciencia de fragmentar los conocimientos y los saberes. No creo que sea una verdad absoluta que si te dedicas a la educación dejas de buscar sobre lo que te interesa artísticamente.

En lo que respecta a los estudiantes y sin desligarme completamente de la anterior idea, quisiera nombrar algo que se me reveló como cierto y es que los niños, independientemente de su edad, colegio o barrio, encuentran en el arte una oportunidad para concebir sus cotidianidades de una manera diferente, es más, generan procesos sanadores ( y es importante mencionarlo, porque del manejo de las emociones muy poco nos habla la pedagogía tradicional) que transforman su actitud ante los desafíos que les imponen sus contextos.

¿Qué implica institucionalmente que el arte tenga prioridad en la vida de los estudiantes?

Implica una transformación en el sistema educativo tradicional en el cual prevalecen dos ideas prioritarias: que las “ciencias duras” llevan al camino de la verdad y que es occidente el lado del mundo en el que nació y perdura el conocimiento. El sistema educativo colombiano se ha empeñado en desdibujar nuestra identidad y folclorizarla de la manera más burda posible. ¡Claro que hay contenidos artísticos que compartir, pero también contenidos sociales! Y aquí entro al último plano.

El arte y la educación como campos que se complementan, tienen la gran oportunidad de cambiar en los niños y jóvenes; ideas, prácticas e imaginarios que se han naturalizado y se nos muestran algunas veces como necesarios en el transcurrir del tiempo.

La discriminación racial, por nacionalidad u origen étnico, orientación sexual, género, situación económica y demás no pueden seguir siendo variables de medición para relacionarnos con el otro.

Es importante contarles a los estudiantes que la historia de América no nació en el descubrimiento del continente, que en la vida de los indígenas y ancestros ya existían conocimientos propios a los que es fundamental volver en estos momentos en los que el agua se acaba, y es necesario cuidar los páramos, montañas, territorios y comunidades. Hay que transformar la imagen que tiene los estudiantes sobre sus compañeros indígenas, pues los ven como “los que aguantan hambre”. Que ellos empiecen a tomar una postura crítica ante eso que ven es de urgencia en este momento. Pero en esa medida es urgente que los Artistas Formadores sepan que tienen la responsabilidad de investigar y sistematizar sus experiencias, reflexionar sobre ellas, socializarlas y publicar sobre la necesidad de pensar el arte y la educación como un arma (una sola) de transformación social.